Al son del compás de la canción comencé el lunes con mi experiencia gimnástica por enésima vez. Pero quiero deciros una cosa, esta es la definitiva.
Por eso mismo me enfundé el chandal y me encaminé a la saludable monitora que esperaba para hacerme la valoración inicial mientras ponía cara de "otra gorda con los buenos propósitos de año nuevo". Todo comenzó como empieza todo: con las bascula y la medición de la grasa corporal. Puedo deciros que aproximadamente el 45% de mi peso es pura grasa, lo cual me hizo pensar en la cantidad de botellas de aceite que podría llenar al precio que está.
Posteriormente pasamos al apasionante mundo de la fuerza. Mejor pasemos página, es un punto clave a tener en cuenta en todo este proceso de transformación.
Después la madamme me llevo a la sala de castigo. Subida en la "máquina infernal" o elíptica, lleve mi corazón al borde de la fibrilación mientras la instructora me miraba con cara de alucinada. Después de una horita de cardio (tenía muy alto el listón y quería demostrar que yo soy incombustible, como un alcorconita en la sala de urgencias) pasamos a la etapa final: elasticidad. Y ahí sí que la dejé con la boca abierta. Es que una ha sido una persona muy leída, y los especiales del Cosmopolitan sobre "se una máquina sexual sin cerebro que ponga a tu chico a mil" me los tengo la mar de trillados. Con la pierna a lo Lina Morgan poco a poco fui estirando todos y cada uno de los músculos que yo misma desconocía que tenía.
Conclusión: Un éxito. Ya os iré contando mis progresos. Sólo deciros que mucho me debió de gustar, porque hoy saliente de guardia me he pasado dos horitas sudando.


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